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Una Historia de Amor



Me llamo Nicolás, como mi tío, aunque a mi me dicen Nico, y a él, Colás. Voy a cumplir 15 años.


Mi imagen surge del agua. Estoy ahí reflejado, en un espejo incierto. Y sin embargo tengo la impresión creciente de que yo soy más ese reflejo que el supuesto original. Como si las palabras pudieran dilucidar algo de ese espejo ambiguo, me cuento mi propia historia.


Mi tío Colás fue pescador. Como la mayor parte de los varones de mi familia. Era el hermano de mi abuelo, pero no se parecían en nada. Mi abuelo fue un hombre centrado, cabal y serio. Pescaba por profesión y tuvo familia como parte de una vida trazada desde siempre y para siempre. Cuando se jubiló no volvió nunca más al mar, y gracias a su pensión, se hizo carnívoro y dejó el pescado.


- Me pasé 50 años en la mar para poder jubilarme y dejar de comer peces – solía decir.


Mi tío no. El mar era su pasión, y a ella se entregaba a diario. Cada mañana, muy temprano, enfundado en su atuendo de batista, y con su eterno pañuelo alrededor del cuello, aparejaba su barquichuela, se deshacía de la tierra firme empujando con fuerza el muelle desde el bote, se sentaba sin prisa en la bancada, y remaba. Yo, antes de ir a la escuela, me acercaba al espigón, subía por los enormes bloques de piedra y me sentaba en el cantil para verle menguar poquito a poco hasta desaparecer más allá del horizonte, rumbo al islote que daba sentido a la frontera entre el cielo y el mar.


La mar me atraía con una fuerza indomable, y, si bien dejé pronto de navegar con mi padre, la inclinación de mi tío me resultaba cálida y fascinante. Sin embargo, siempre declinó llevarme con él, y cuando le preguntaba por qué no podíamos salir a pescar juntos, él siempre contestaba lo mismo:


- Aun no es tiempo, Nico. Además, yo no voy al mar a pescar. Vete al colegio.


Yo me iba pensando que se reía de mí. Por la tarde tenía el tiempo justo de acercarme a mi puesto de vigilancia antes de que, saliendo de ese lugar por el que se despeña el mar, apareciera pequeñito como una mosca y fuera poco a poco, y al ritmo de sus paladas, creciendo hasta convertirse de nuevo en mi tío Colás, que volvía.



No recuerdo haberle visto nunca regresar con pescado, y por lo visto el resto de los familiares y vecinos tampoco. A medida que fue pasando el tiempo, y fué perdiendo fuerza y ganando en soledades y silencios, algunos pescadores más jóvenes se fueron animando a hacerse los gallitos con él, y le encontraron un blanco fácil para alejar el aburrimiento riéndose y gastándole bromas. Mi tío Colás era soltero, y no se le conocía relación alguna. Siempre rechazó los círculos habituales en los que se propiciaban las relaciones humanas, y no lo hacía de forma huraña u hosca. Era más bien como si alguna distracción interna, pero inevitable, le desinteresara de la posibilidad de enamorarse y seguir un camino sentimental al uso.


- ¿Qué, Colás, mucha pesca hoy? - le decían, sabiendo que nunca traía ni una mísera sardina.


Y él contestaba,


- Yo no voy al mar a pescar.


- Coño, ¿y entonces?


Y mi tío se iba a su casa, y se sentaba en el poyo de su fachada que daba al mar, y se quedaba mirando fijo y largo hacia el islote que rompía la línea del horizonte.


Hace unos días me levanté temprano. Me vestí, y salí de casa, avisando a mi madre de que me iba pronto para caminar con mis amigos antes de clase. Luego llegué al puerto, comprobé que no había nadie fijándose en mi, y aproveché que el bote de mi tío estaba al final del muelle, encajado entre dos pesqueros, para embarcarme en él. A popa mi tío llevaba, como todos los pescadores, un azafate grande, sobre el que apilaba algunas nasas tapadas por una loneta. Abrí hueco en la loneta levantándola y separé las nasas para hacerme sitio. Me acomodé mirando hacia la proa y luego me cubrí con la loneta, calculando que, visto desde fuera, no se pudiera saber que allí estaba yo. Mi tío nunca pescaba, según él mismo, y en todo caso, si me descubría, sería ya mar adentro. Mi tío no me tiraría al mar. Seguramente.


La loneta estaba agujereada allá y acullá, y no me costó mucho encontrar una mirilla para espiar el exterior. Al rato llegó Colás y poco después estábamos embarcados y rumbo al islote.


Mi pierna se durmió y la espalda me dolía del encogimiento, pero la emoción de estar embarcado - y además con mi tío Colás - era tan grande, que las pequeñas incomodidades se me antojaban una parte necesaria de aquella aventura, y sin ellas hubiera faltado emoción. Miraba a mi tío de vez en cuando. Él remaba tranquilo, de forma regular, sin inmutarse. Finalmente paró y, después de levantarse y coger el ancla que estaba estibada a proa, fondeó. Mi tío se desnudó y se arrodilló sobre la cubierta, asomando la cabeza por la borda. Y silbó. Me quedé fijo contemplando su cuello, especialmente la parte bajo el lateral de su mandíbula. Nunca lo había visto, porque nunca había visto el cuello de mi tío: siempre lo tapaba un pañuelo azul oscuro de algodón basto. En los lados de la parte alta se dibujaban dos líneas.



De repente, por la parte exterior de la borda, asomó una figura. Parpadeé, porque no sabía qué pensar, o que nombre darle a aquel visitante inesperado. Para cuando me sobrepuse y fijé la vista de nuevo, mi tío se había erguido, había cogido los apéndices de aquel ser, y se había zambullido en el agua. Me quedé inmóvil mucho rato. No sabía si la humedad del suelo era por falta de achique del agua del mar, o por exceso de miedo. Me estaba asfixiando y levanté la lona. Estaba solo. El mar estaba tranquilo, y a apenas unos treinta metros se erguía un farallón del islote. Hacía de pared a una entrada de agua, seguramente una cueva o una pequeña cala. Un chapoteo percutía en mis oídos. Y venía de allí.


Me desvestí, me metí en el mar sin hacer ruido, y nadé silenciosamente hasta el farallón. Me encaramé a una pequeña plataforma de roca que había en la punta, y desde allí me asomé al otro lado.


Al principio me costó reconocerme en ese nuevo mundo real. Una corriente invisible me quería obligar a afirmar que estaba en el cine viendo una película de fantasía. Mi tío estaba tumbado en el suelo de una cala, con medio cuerpo sumergido en la orilla. A su lado estaba aquel ser que hacía unos minutos se asomaba a la borda de la chalupa. Era extrañamente hermoso. Unos ojos grandes, brillantes y expresivos gobernaban su cara. Su piel era oscura y no hubiera sabido decir si era lampiña o peluda. Pero en todo caso era suave y brillante, e invitaba a acariciarla. Su torso tenía pechos firmes. Sus piernas acababan en palmas alargadas y tersas. Alrededor de ellos dos, otras figuras imposibles pero increíblemente hermosas se movían, entrando y saliendo del agua. La impresión fue tal que me fallaron las fuerzas de los brazos, con los que me agarraba a la pared de roca, y caí al agua. Miré al fondo y vi a uno de los seres que rodeaban a mi tío anteriormente. Tenía un sargo en la boca. El golpe del agua, le hizo volverse hacia mí, y fijó sus ojos densos en los míos. Soltó el sargo, y se dirigió hacia mí a toda velocidad, con la boca abierta. Por ella asomaban unos dientes triangulares y afilados. La sangre del sargo los hacía terribles, y contrastaban con la belleza de sus ojos. Venía a por mí. Intenté nadar, pero en ese momento, comencé a perder el sentido. Una figura apareció de repente, se interpuso entre la criatura y yo, y me agarró por la cintura. Me pareció reconocer unas manos humanas. Después me desplazó con fuerza hacia arriba, cuando yo ya estaba a punto de perder el sentido. Lo último que recuerdo fue un golpe fuerte de mi frente contra el mango del remo, ya fuera del agua.


Desperté con las nasas a mi lado, con la loneta cubriéndome y con mi tío remando, según pude atisbar por mi ventanillo improvisado. Me miré. Estaba vestido. Y seco. Una sola vez me pareció ver a mi tío Colás mirar hacia mí. Y una levísima sonrisa pareció asomar por su comisura. Por lo demás, no tenía ningún indicio de que mi tío supiera que yo estaba en el barquillo: arribamos a puerto, se bajó después de dejar todo aparejado, y se marchó. Yo esperé y, a mi vez, me bajé también.


Cuando llegué al pueblo, mi tío estaba sentado en su poyete, con su eterno pañuelo al cuello, mirando largo hacia el islote, allende el mar. Yo estaba confuso, así que no dije nada. Por primera vez, habló él primero.


- Podremos ir juntos a la mar cuando cumplas los quince. ¿cuántos tienes ahora?


- Catorce – contesté yo – pero sólo hasta la semana que viene. Entonces, ¿podré ir contigo?


Él fijó su mirada en mi cuello durante un instante, y sonrió.


- Sí. Ya pronto – de pronto mi tío se levantó. – Espera – me dijo.


Salió de la casa al momento con un pañuelo azul en la mano, y me lo tendió.


- Toma.


Lo cogí y me fui a casa. Me metí en el cuarto de baño y me miré en el espejo. Dos cosas me llamaron la atención. Una, que tenía un golpe en la frente. La segunda, que unas líneas rojas, como pequeños cortes, se empezaban a formar en los laterales de mi cuello. Desdoblé el pañuelo, y lo enrosqué alrededor, tapando las heridas.


Me llamo Nicolás, como mi tío. Voy a cumplir quince años, y por fin podré ir al mar.



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Échale un vistazo a:


La Última Mosca

"Hay un singue en mi mano. Se ha posado en la palma y lo he atrapado. Zumba. Me muerde. Pero no lo suelto. Escucho a los guardas del Parque Natural Temático de La Graciosa. Están cerca, pero aún no me ven. No sé qué hacer. ¡Un singue! Una reliquia. No es venenoso. Y sin embargo cada mordida es una inyección mágica de nostalgia. El Safari-Casco me molesta un poco.


Zzzzzzzz. EL SAFARI-CASCO ES CÓMODO ... Oigo un zumbido. Aun así el casco tampoco está tan mal. Es cómodo."




Alta Política

"No había acceso al mar debido al acantilado de peñascos. La fuerza del Dios se presentaba allí a través de olas enormes que se atrevían a golpear a las rocas inmortales. En ocasiones las destruían por ser demasiado soberbias. Así lo explicaba Ham, el iluminado, el que sabía cosas en su interior, el que hablaba con el Dios."


Updated: Jun 7, 2021


¿Es tu primera vez leyendo NaZión?

Sigue el link para leer la obra desde el principio.






ESCENA 20. INTERIOR SÓTANO RESISTENCIA ZOMBI.


TEMA 18: Instrumental. “Qué podría pasar” versión Rita, sólo primera estrofa y cuando llegan al estribillo:

TEMA 1. NANA. LA LOBA.

Lo NUBES DE ALGODÓN

SABANAS DE PLATA

Y UNA CANCIÓN

Kev ¡Loba!

Entra La Loba. Entra C.

Lo Kevin, Kevin, ¿no extiendes tu mano sobre la chica?

Kev ... no se ...

Lo La dejabas marchar ...

Kev Sí ... porque ...

Lo Porque matar les toca a otros en esta partida. Y además ... ¿Cuándo di la orden? No lo recuerdo.

Kev Lo sabe todo.

Lo Sabe bastante. Todo no.

Kev ¿Cómo vamos a ...?

Lo Déjanos.

Kev ¿Cómo?

Lo Que nos dejes. Solas. A ella y a mi. Yo acabo lo que tú no puedes.

Kev Loba, ella no ... no es una amenaza. No podemos ...

Lo Lo se.

Kev ¿Cómo?

Lo Kevin. Déjanos solas.

Zero reacciona. Ke sale.





ESCENA 21. LOCALIZACIÓN IGUAL QUE LA ESCENA ANTERIOR.


Lo tararea de nuevo.

TEMA 19. ¿QUIEN ERES?. LA LOBA Y JUNE.

Jun ¿Quien eres?

Lo ¿QUIÉN ERES?

Jun ¿Quién eres?

Lo ¿QUIÉN ERES?

Jun ¿Quién er...? Loba la interrumpe.

Lo LA PREGUNTA MÁS GRITADA,

LA RESPUESTA MÁS BUSCADA

LA QUE AL CABO DE LOS AÑOS

TE AGOTA Y RESPONDE ... NADA

Lo y Jun ¿QUIÉN ERES?

¿QUIÉN ERES?

¿QUIÉN ERES?

¿QUIÉN?

Lo UNA SOMBRA INESPERADA, UN JAMÁS Jun ¿QUIÉN

UN LATIR SEMIENTERRADO, UN QUIZÁ ERES?

UNA CARA SIN VISAJE, UN DESEO ¿QUIÉN

UNA MASCARA DE OLVIDO Y UN RECUERDO ERES?

NUBES DE PLOMO AAAAAH

TELAS DE SAL AAAAAH

Lo LOS AÑOS ME HAN ENSEÑADO

QUE LO SABRÁS CUANDO TÚ QUIERAS

Y QUE NO HAY RESPUESTA CLARA

TU DESTINO ES ESA RESPUESTA

Lo y Jun ¿QUIÉN ERES?

¿QUIÉN ERES?

¿QUIÉN ERES?

¿QUIÉN?

Lo UNA SOMBRA INESPERADA, UN JAMÁS Jun ¿QUIÉN

UN LATIR SEMIENTERRADO, UN QUIZÁ ERES?

UNA CARA SIN VISAJE, UN DESEO ¿QUIÉN

UNA MASCARA DE OLVIDO Y UN RECUERDO ERES?

NUBES DE PLOMO AAAAAH

SÁBANAS DE SAL AAAAAH

Lo SERÉ ESA PREGUNTA INEVITABLE

QUE TE HA PERSEGUIDO HASTA AQUÍ

UN HUECO VACÍO INSORTEABLE

SERÉ LO QUE TÚ DESCUBRAS DE MÍ

Lo y Jun ¿QUÉ QUIERES?

¿QUÉ QUIERES?

¿QUÉ QUIERES?

DI

La acaricia mientras tararean el estribillo.

Jun Escucha ... si me vas a matar ...

Lo Ellos tienen razón.

Jun ¿En qué?

Lo El virus fue creado.

Jun ¿Qué?

Lo Ni siquiera es un virus.

Jun ¿Como lo sabes?

Lo Yo lo creé.

Jun No te creo.

Lo ¡Ah, la fe! Pero esta vez no. Tu fe aquí no sirve. Es una toxina y la creé yo. Compuesto 666, Dimetil-fenil alantoína. Incolora, inodora, insípida. Parece mentira. Ya que te hace eso al menos debería saber mal. Pero no, ni la notas.

Jun ¿Y para qué?

Lo Yo no lo sabía. Pensé que estaba desarrollando un arma disuasoria para la guerra contra el terror. Luego me di cuenta, demasiado tarde, de que se utilizaría contra los inmigrantes a pie de muro. Después de eso, ya nadie más lo intentó, claro.

Jun ¿Los envenenamos?

Lo Tú no.

Jun ¿Quien entonces?

Lo Tu padre.

Jun ¡Mentira!

Lo El gran creador del movimiento popular contra la inmigración. El instigador del muro. El que expulsó a todos los inmigrantes. El que dejó la ciudad sin mano de obra para los trabajos que los Limpios no querían. El mismo que más tarde los acogió a cambio de trabajo, él los creó. Los envenenó cuando se convirtieron en un problema y todas las miradas apuntaban a su falta de soluciones.

Jun Ah, ¿sí? ¿Y como nos salvamos el resto de la población?

Lo Es una toxina muy inestable en aire. Apenas unos minutos. Bastó con usar el viento y unas máscarillas para la Población Alfa por si acaso.

Jun ¿Y por qué ellos siguen infectados?

Lo En sangre la toxina es eterna. Incluso en la sangre seca. Si la sangre de un zeta muerto se rehidratara, la toxina seguiría intacta. Pero ¡eh! No todo es tan horrible.

Jun Ah, ¿no?

Lo No. Todo lo que perdemos por un lado, lo ganamos por otro ... Por eso la zona Libre está llena de burdeles ... y de clubs nocturnos.

Jun ¿Quien eres tú?

Lo ¿Por qué no se lo preguntamos a Laila?

Jun Quien es Laila.

Lo Nuestra única espectadora. Está mirándonos para informar a Napoleón. Laila sal.

He dicho que salgas.

La No ... acabo de llegar. No llevaba tanto rato ... ni estaba ... Mierda.

Lo Te iba a decir que te presentaras, pero tengo la impresión de que ya os conocéis.

Jun Sí. La canción era esa que ...

La ¡Ah! Es la nana con la que me arrullaba la Loba de pequeña.

Jun Una nana ... claro. Hay algo en esa canción que me ...

Lo Vete.

Jun Espera ... ¿Quién eres? ¿Por qué ...? Llevo mirando este barrio desde mi ventana desde que tengo memoria. Y de repente ...

Lo Márchate.

Jun ¿Y esa gente que está fuera ...? ¿No me van a ...?

Lo No te van “a”. Te estaba esperando. Y no era para matarte. Zero te ayudará a salir.

Jun ¿Sabías que vendría?

Lo Hemos trabajado mucho para que ocurra esto. Ahora ya sabes donde estamos. Márchate.

Jun ¿Quién eres?

Lo Todo está contado y pesado. El mapa está bien.

Jun No entiendo.

Lo Zero, acompaña a la señorita. Por allí.

Jun Sabes que no me puedo callar esto. Mi padre quiere hablar con vosotros.

Lo Por supuesto. Cuento con ello. Te diría que no lo dijeras, o que sí. O que tengas cuidado con tu hermana y con tu padre. O que no apagues lo que acaba de surgir con Kevin. O que Laila va a informar a Napoleón a pesar de que va a jurar que no piensa hacer eso ...

La ¡No pienso hacer eso!

Lo ... Pero da igual. La suerte está echada y lo que va a ser, será. Al final el Gran Coach Supremo, ese viejo putero, tiene razón. La realidad se readapta a lo que nos tiene reservado a cada uno, hagamos lo que hagamos. Con un poquito de ayuda de mi parte, y de la suya, ... y de la tuya, nos volveremos a ver. Si tu padre quiere una cita, deja que la pida él.

Jun Pero yo ...

Lo Se acabó, niña. Adiós. ¡Zero!





ESCENA 22. LOCALIZACIÓN IGUAL QUE LA ESCENA ANTERIOR.


J sale y ... Transformación a calles más guarida zombi más despacho. Se encuentran Lisardo y June.

Lis ¡¡June!!

June se desmaya. Lisardo la recoge.

¿Estás bien?

Jun Mírame y dime que soy yo.

Lis June.

Jun Después de lo que he visto y oído ... me basta con saber eso.

Lis ¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Jun ¿Quieres la verdad?

Lis Claro.

Jun La verdad es que sí va a haber una revolución zombi.

Lis ¿Y qué más? Sigue.

Jun Nada más. El resto son todo mentiras.

TEMA 20. FINAL. TODOS.

Lo MENTIRAS, OTRA VERSIÓN, NADA MÁS

MENTIRAS, OTRO PUNTO DE VISTA, DA IGUAL

Nar ÉRASE UNA VEZ UNA GRAN NACIÓN

Lo MENTIRAS,


Nar OTRA HERIDA, OTRA VENDA, MAS MENTIRAS

MENTIRAS PARA TAPAR MENTIRAS, Y UNA NUEVA VERDAD

Todos GENTE FELIZ, GENTE APARENTE, DECENTE

Pre Y AHORA DE ENTRE LAS SOMBRAS

ME LLEGA ESA SEÑAL

Rit y Pre VIENE EN MI AYUDA O ANUNCIA MI FINAL


Jun y Li PODEMOS MARCAR LA CADENCIA FINAL

Lo, Coro, Pre MENTIRAS, OTRA VERSIÓN, NADA MÁS

MENTIRAS, OTRO PUNTO DE VISTA, DA IGUAL

Rit, Lis y Jun MENTIRAS, Nar OTRA HERIDA, OTRA VENDA, MAS MENTIRAS

MENTIRAS PARA TAPAR MENTIRAS, Y UNA NUEVA VERDAD

Nar HA EMPEZADO LA PARTIDA, LA BARAJA ESTÁ SERVIDA

Todos EN LA OSCURIDAD

ENTERRAMOS BRUSCAMENTE

LO QUE FUIMOS PARA SIEMPRE Y

HAY QUE AVANZAR

Nar HAY UN RETO EN CADA CRUCE, UN RETO EN CADA ESQUINA

MENTIRAS, OTRA VERSIÓN, NADA MÁS

MENTIRAS, OTRO PUNTO DE VISTA, DA IGUAL

Lo, Coro, Pre,

Rit, Lis y Jun MENTIRAS, MENTIRAS


Nar OTRA HERIDA, OTRA VENDA, MAS MENTIRAS

PARA TAPAR MENTIRAS, Y UNA NUEVA VERDAD

Break. Se inicia un redoble de caja que explota en el ritmo del himno.

Todos EN UN PAIS DE LEYENDA

EN UNA TIERRA FERAZ

En canon:

Todos PALOMAS DE PAJA

TIGRES DE PAPEL

FUTURO QUE MURIÓ

AYER

Nap MENTIRAS, OTRA VERSIÓN, NADA MÁS

Kev MENTIRAS, OTRO PUNTO DE VISTA, DA IGUAL

Nap ACCIÓN Y REACCIÒN, EL JUEGO NOS COLOCA

EN EL SITIO ADECUADO EN EL QUE CADA UNO BAILA

Lo, Coro, Pre,

Rit, Lis y Jun MENTIRAS, MENTIRAS


Nar OTRA HERIDA, OTRA VENDA, MAS MENTIRAS

PARA TAPAR MENTIRAS, Y UNA NUEVA VERDAD

La YA VERÁN

SALDREMOS DE ÉSTA.

¿SABEN QUÉ VAMOS A HACER?

Nap CAMINA, CORRE, CAMINA, BUSCA SIN ENCONTRAR

Todos CAMINA

Nap TARDES DE BRUMA, NOCHES DE ALQUITRÁN

ALBAS DE HOJARASCA EN UN HURACÁN

Todos HURACÁN

Nap y Kev ERES LO QUE ERES, NADA MÁS

Todos MENTIRAS

Nap y Kev CADA UNO A SU SITIO, ¿CUÁL ES TU LUGAR?

Nar DEBAJO DEL CIELO, Y MÁS ABAJO AUN DEL MUNDO

DONDE NEGRO NO ES NEGRO, SINO GRIS MORIBUNDO

San TODOS SUS SENTIDOS SERÁN ALIVIADOS

SOLO TIENE QUE QUEDARSE A MI LADO

Canon de nuevo:

Todos TIGRES DE ACERO

PALOMAS DE CAL

NO MIRARÉ

ATRÁS

BANDERAS DE ORO

RUGIDOS DE CAÑÓN



FIN DEL ACTO I





¿Quieres leer más?


Quédate con nosotros. ¡El próximo lunes publicamos la primera escena del Acto 2!

Mientras tanto, échale un vistazo a otros relatos del Mono Infinito.

Teatro de La Abadía. Abril 2021.

"En la hora y media de Descendimiento la única posibilidad es no intentar entender."

Voy a experimentar cómo se hace un texto de seudocrítica teatral sobre una posible acción performativa-instalativa. La performance no es teatro. No se quiere como teatro. No pretende serlo pero navega en sus límites. Hay poesía (Descendimiento, de Ada Salas), pero no es poesía porque aparece limitada por un recitado casi documental. Hay cuerpos pero no personaje. Hay atrezzo pero no es entorno. Hay vestuario pero fragmentado. Hay sonido. Pero no es teatro. No puedo, entonces hacer una seudocrítica teatral. Sin embargo está en el Teatro Abadía, y hay un director y hasta un programa. La intención declarada del autor es la de llevar el texto a escena, pero no hacer teatro con ese Descendimiento.


"La presentación fue una sucesión de acontecimientos unidos por un texto poético. Algunos puramente estéticos, como la hermosa nube textil. Otros en representación del diálogo constante de su no-autor con el rito religioso de nuestra tradición."

Voy, entonces, a hacer un texto de seudocrítica no-teatral sobre una posible acción performativa-instalativa. Pero ¿por donde empezar en un arte que quiere ser conciencia crítica del arte, y por lo tanto quedar fuera sin salir de él? Quizá hablando de su lugar en el límite. La búsqueda del límite de la expresión es difícil jugarla en un teatro físico. Con sus recursos sonoros, lumínicos, escénicos. Quizá el límite estaba en la forma de conjugarlos todos ellos. Si es así, eso estaba conseguido. La presentación fue una sucesión de acontecimientos unidos por un texto poético. Algunos puramente estéticos, como la hermosa nube textil. Otros en representación del diálogo constante de su no-autor con el rito religioso de nuestra tradición. Pero las palabras se fugan hacia la descripción cada vez que intento decir qué viví en descendimiento, dado que describir una parte es desmerecer el todo.




"El Niño de Elche transmite tanto y tan deprisa que justifica, mal que le pese, toda la obra. Su voz envuelve y seduce."

Habrá, por lo tanto que hacer un texto de no-seudocrítica no-teatral sobre una posible acción performativa instalativa. Si uno se deja llevar en Descendimiento, la voz aparece ubicua, y aplasta todo texto. El Niño de Elche transmite tanto y tan deprisa que justifica, mal que le pese, toda la obra. Su voz envuelve y seduce. Los músicos fueron auténticos intérpretes en todos los sentidos, y las composiciones tan sencillas como gigantes. Tanto fue así que los cuerpos – todos – quedaron más representados por las transiciones para ordenar y recoger el velo o sacar atrezzo, que por otra cosa. No hubo acción, si no en la forma de no-accionar. Ni siquiera en los momentos finales de dejarse ir.


"Los músicos fueron auténticos intérpretes en todos los sentidos, y las composiciones tan sencillas como gigantes."

"... hay un umbral a partir del cual la pluralidad del sentido se vuelve inaprensible..."

Nos queda, si esto es así, hacer un texto de no-seudocrítica no-teatral sobre una posible no-acción performativa-instalativa. Pero ¿qué decir sobre una disciplina que escapa al sentido? En la hora y media de Descendimiento la única posibilidad es no intentar entender. Tarea imposible en esta parte del espectro de las especies, dado que es nuestra seña de identidad específica. La estrechez en el sentido de una obra nos puede aburrir por defecto. La dispersión del sentido se vuelve interesante a medida que propone viajes diferentes por mundos diferentes. Pero hay un umbral a partir del cual la pluralidad del sentido se vuelve inaprensible, y el mundo de lo posible desaparece. E, igual que nuestra atención, lo performativo-instalativo se difumina más allá de las palabras y queda entre paréntesis.


Buscaríamos, pues, un texto de no-seudocrítica no-teatral sobre una no-posible no-acción (performativa-instalativa):


Una piedra en la boca

Y no pueden hablar

Lo que han de decir los sobrepasa

...

Lo que digo es más grande que yo Ada Salas, Descendimiento


Pero eso es, ya de nuevo, Descendimiento.


Y, finalmente, sólo puedo hacer un no-texto de no-seudocrítica no-teatral sobre una no-posible no-acción (performativa-instalativa). Aquí está:






¡Esta obra esta en escena hasta el 24 de Abril!

Para comprar entradas, sigue el link:




¿Quieres ver más críticas?

Échale un vistazo a nuestras publicaciones anteriores:

El Principe Constante

Dirección de Xavier Albertí

Teatro de la Comedia


Fariña

Dirección de Tito Asorey

Teatro Cofidis Alcázar


Atraco, Paliza y Muerte en Agbanäspach

Dirección de Nao Albet y Marcel Borrás

Teatro María Guerrero



Links:


Teatro Español:


El Principe Constante Página Web:


Entrevista con Ada Salas:







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